Dos hermanos
Lo que vamos a contar sucedió cuando aun no existía la ciudad de Jerusalén, en los fértiles campos sobre los cuales fue luego edificada, y que eran cultivadas por una esparcida población de campesinos judíos.
En aquellos lugares estaban las viviendas de dos hermanos muy cerca una de otra.
Ambos eran casados el menor tenia 4 hijos y el mayor ninguno.
Al morir el padre, en lugar de repartirse la heredad, habían decidido. Sembrarla en común, y cuando maduro el trigo se hizo la recolección partiendo la cosecha en dos porciones iguales.
Pero aquella noche el hermano mayor no podía conciliar el suelo.
¿Hablemos repartido bien el trigo? Pensaba mi hermano tiene mas familia que yo, que solo tengo a mi mujer.
El necesita pan para sus 4 hijos.
No podía apartar esa idea de su espíritu ni aplazar para otro día de la cavilación. Al final, mucho antes del alba se levanto fue a sus graneros y con trigo suyo acrecentó la parte de su hermano después se fue a dormir tranquilo.
Pero también el hermano menor se había despertado inquieto con la duda de si el reparto inquieto con la duda de si el reparto había sido hecho equitativamente.
Mi mujer y yo somos fuertes se decía tenemos, además 4 hijos que pronto han de poder ayudarnos a trabajar.
En cambio mi hermano y su mujer son menos jóvenes que nosotros y por otra parte no tienen hijos en que fundamentar la esperanza ¿Quién les ayuda cuando ellos desfallezcan? Hay que anticiparse a la hora de su vejez y engrosar desde ahora su hacienda.
Y como era todavía de noche, le pareció el mejor momento para hacer con sigilo su propósito.
Fuese a los graneros y añadió una buena cantidad de trigo al acervo de su hermano. Después volvió a su aposento y se durmió rápidamente, cuando empezaban a cantar los gallos.
Al día siguiente, ambos notaron con sorpresa que sus montones seguían siendo iguales se miraron, pero ni dijo una palabra.
Por la noche cada uno hizo lo mismo que la anterior pero al llegar la mañana, como si fuera cosa de magia vieron que no habían alterado la igualdad de las partes.
Lo mismo sucedió durante varias noches y días consecutivos y no sabían que pensar, pues siempre hacían lo mismo de bulto en los montones, como si en vez de hacer lo que se proponían lo hubiesen soñado.
Hasta que una noche se levantaron por azar a la misma hora, se encontraron frente a frente a la puerta del granero.
Entonces sin decir nada hicieron con todo el trigo un solo montón y fueron a dormir con un sueño tan profundo como el de la niñez.
Y así fue después todos los años hasta el final de sus días.